07-11-2011 | Fútbol | Clarín

FALCIONI LES GANO A LOS PREJUICIOS

De tanta quietud que ofrecía este Apertura, fecha tras fecha, mientras Boca construía una distancia casi inédita con el recurso de mantener su invicto y afirmarse como una formación sólida, mientras los perseguidores fallaban en su intentos de aproximarse, un empate en cancha de Vélez -generalmente no despreciable- después de una victoria de Racing despertó una corriente de ilusión en el pelotón de escoltas, pero principalmente en participantes y seguidores del equipo del Cholo Simeone. Porque quedó a ocho puntos de distancia y en la próxima fecha estará de visita en la Bombonera. La apuesta no es sólo para ganar ese partido (que no sería decisivo) sino para producir un derrumbe espiritual en su rival que lo lleve a trastabillar en la cuatro fechas finales del torneo. Porque ganando dos podría perder uno y empatar otro para alcanzar la cima. Y compartirla en caso de que Racing, ahora con 24, gane los cinco encuentros que les restan. Se parece a una quimera, a un sueño irrealizable. Y mucho más viendo las irregularidades de las campañas de todos ellos. Pero la ilusión es uno de los sostenes de la inmensa popularidad del fútbol. Y hay que darle rienda, por débil que parezca el respaldo. De lo contrario este Apertura monotemático se diluirá en la inercia de un campeón largamente anunciado.
Pero más allá de las ilusiones está la tangible realidad de ahora. Que es lo único concreto para fijar posiciones. Este Boca pergeñado por Julio Falcioni y diseñado para que Riquelme fuera el director de orquesta logró tal afiatamiento que aun en ausencia de su líder mantiene la solidez defensiva y el equilibrio que le permite superar a sus rivales en resultados y en protagonismo. Sin la jerarquía que puede sumarle Román, claro. Pero con la solidaridad que se estableció como norma para la recuperación de la pelota y el traslado siguiente.
El mérito indudable del entrenador se puede medir desde tres puntos: en primer lugar el de haber aceptado que las esquemas no salen de reglas matemáticas sino de las características de los integrantes y de las pretensiones de los clubes. Estaba etiquedado como un defensor acérrimo del 4-4-2. Hasta que se encontró con Riquelme. Y no dudó. Pasó a jugar con organizador. Y cuando no estuvo Román mantuvo el dibujo y a falta de organizador empleó a Chávez como enganche. Su segundo acierto fue sostener una formación que se supiera de memoria, con los roles establecidos. Y así crecieron Somoza y Erviti que habían demorado su adaptación. Y con la llegada de Schiavi reaccionaron Insaurralde y Clemente, y se acopló Roncaglia. Y el tercero fue enfrentar con calma la red de lesiones. El dijo que tenía un sustituto por puesto y cumplió con los cambios. Y si cayó un reemplazante (Blandi) apareció otro (Araujo). Y el equipo mantuvo su identidad. Y ese es el secreto principal. La identidad que le falta a los otros.
El sueño de los perseguidores de Boca parece irrealizable. Pero la ilusión es uno de los sostenes de las inmensa popularidad del fútbol. Y hay que darle rienda.
De tanta quietud que ofrecía este Apertura, fecha tras fecha, mientras Boca construía una distancia casi inédita con el recurso de mantener su invicto y afirmarse como una formación sólida, mientras los perseguidores fallaban en su intentos de aproximarse, un empate en cancha de Vélez -generalmente no despreciable- después de una victoria de Racing despertó una corriente de ilusión en el pelotón de escoltas, pero principalmente en participantes y seguidores del equipo del Cholo Simeone. Porque quedó a ocho puntos de distancia y en la próxima fecha estará de visita en la Bombonera. La apuesta no es sólo para ganar ese partido (que no sería decisivo) sino para producir un derrumbe espiritual en su rival que lo lleve a trastabillar en la cuatro fechas finales del torneo. Porque ganando dos podría perder uno y empatar otro para alcanzar la cima. Y compartirla en caso de que Racing, ahora con 24, gane los cinco encuentros que les restan. Se parece a una quimera, a un sueño irrealizable. Y mucho más viendo las irregularidades de las campañas de todos ellos. Pero la ilusión es uno de los sostenes de la inmensa popularidad del fútbol. Y hay que darle rienda, por débil que parezca el respaldo. De lo contrario este Apertura monotemático se diluirá en la inercia de un campeón largamente anunciado.
Pero más allá de las ilusiones está la tangible realidad de ahora. Que es lo único concreto para fijar posiciones. Este Boca pergeñado por Julio Falcioni y diseñado para que Riquelme fuera el director de orquesta logró tal afiatamiento que aun en ausencia de su líder mantiene la solidez defensiva y el equilibrio que le permite superar a sus rivales en resultados y en protagonismo. Sin la jerarquía que puede sumarle Román, claro. Pero con la solidaridad que se estableció como norma para la recuperación de la pelota y el traslado siguiente.
El mérito indudable del entrenador se puede medir desde tres puntos: en primer lugar el de haber aceptado que las esquemas no salen de reglas matemáticas sino de las características de los integrantes y de las pretensiones de los clubes. Estaba etiquedado como un defensor acérrimo del 4-4-2. Hasta que se encontró con Riquelme. Y no dudó. Pasó a jugar con organizador. Y cuando no estuvo Román mantuvo el dibujo y a falta de organizador empleó a Chávez como enganche. Su segundo acierto fue sostener una formación que se supiera de memoria, con los roles establecidos. Y así crecieron Somoza y Erviti que habían demorado su adaptación. Y con la llegada de Schiavi reaccionaron Insaurralde y Clemente, y se acopló Roncaglia. Y el tercero fue enfrentar con calma la red de lesiones. El dijo que tenía un sustituto por puesto y cumplió con los cambios. Y si cayó un reemplazante (Blandi) apareció otro (Araujo). Y el equipo mantuvo su identidad. Y ese es el secreto principal. La identidad que le falta a los otros.
El sueño de los perseguidores de Boca parece irrealizable. Pero la ilusión es uno de los sostenes de las inmensa popularidad del fútbol. Y hay que darle rienda.

El fútbol que le gusta a la gente

Horacio Pagani

El verdadero fútbol que le gusta a la gente

Prólogo de
Roberto Fontanarrosa

“Este libro viene siendo anunciado desde el comienzo de los tiempos, como ‘El Evangelio según Poncio Pilatos’, ‘El código Da Vinci’ o cualquier otro trabajo que pueda gestar una iluminación definitiva. Tronante, Horacio, nos viene alertando desde el siglo pasado: ‘Escribiré mi libro’, ante la progresiva desconfianza de sus compañeros y admiradores.

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